Londinium
Hacer de la ciudad un océano;
De las avenidas tormenta;
De la máquina relámpagos;
Una vez disuelto el asfalto
Ahí con sal sobre la carne,
Revolcados en anarquía,
Sin otro mapa que el cielo,
Saborearemos navegar a la deriva.
De las avenidas tormenta;
De la máquina relámpagos;
Una vez disuelto el asfalto
Ahí con sal sobre la carne,
Revolcados en anarquía,
Sin otro mapa que el cielo,
Saborearemos navegar a la deriva.
De urbanos sonoros, II.B
Carcome calles y fachadas un estruendo perpetuo;
no cesa, no cede nunca, bajo ninguna esfera se sabe satisfecho.
Parecieran, para algunos, sirenas, pues de plástico hacen cera;
para los otros, disturbios tan comunes, ordinarios,
que no vale la pena escucharlos con recelo.
Yo, sin identificar si ando solo o no,
miro cómo la ciudad se desvanece, y en lugar de cenizas
el viento siembra cementerios donde duerme para siempre
el deseo de un mundo diferente.
no cesa, no cede nunca, bajo ninguna esfera se sabe satisfecho.
Parecieran, para algunos, sirenas, pues de plástico hacen cera;
para los otros, disturbios tan comunes, ordinarios,
que no vale la pena escucharlos con recelo.
Yo, sin identificar si ando solo o no,
miro cómo la ciudad se desvanece, y en lugar de cenizas
el viento siembra cementerios donde duerme para siempre
el deseo de un mundo diferente.
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