Hambrientos, I

Las ratas vuelan en busca de comida.
Nosotros perseguimos las nociones de sus alas
Sobre la banqueta de la avenida central.
"¿Dónde quedaron las migajas?",
Se dicen entre ellas.
Nosotros no escuchamos.
Seguimos tras ideas, con el estómago vacío.

Recorrido

El camino curtido por los ojos que raspan.
Donde brilla la ausencia como estrella en pantalla.
Entonces camino, y a veces me arrastro.
Sin pena, sin miedo, sin destino predicho.
Los signos sobre mi piel llueven,
Siembran la fuerza con la cual
Retornar sobre aquellas miradas,
Plantar las estrellas en el campo índigo,
Una cama de negros
Donde inventar nuevas sombras.

Otro tren

Sin darme cuenta, involuntariamente,
el mundo implotó en el tren
y más allá de las ventanas
la realidad se desvaneció.
Las luces son ideas.
Los pueblos conflictos de identidad
perturbando la tranquilidad de Dios.
Nos quedan sino suposiciones en torno
a las formas de vida posibles,
sus costumbres y pavores.
Conforme el tren precipita
hacia la noche me pregunto
si alguien más allá del cristal
me mira pasar
como idea, como amenaza en potencia.

Vamos

para Joyce, sentado en Banhofstrasse

Una y otra vez caen sobre el cuerpo
del débil los ojos de las aves de rapiña,
de los signos que terminan toda forma
con un delicado retoque imperial.

Ahí van de nuevo, vienen
y con los años ensombrece entre hueso
la carne, y la eminencia
tarde o temprano
secreta un apestoso destino.

Consejo Anónimo

No llores.
No llores por quien te piensa a la distancia.
Tírate al presente bailarín,
quémate entre sus llamas.

Pasaje sin final

Hoy, al salir de casa, fui tocado por el asombro. Caminé un poco, escuché al río pasar, siempre pasar, y miré el reflejo del sol sobre sus aguas. Podría decir que no va a llover, pero las nubes viajan a tal velocidad que resulta imposible predecirlo con precisión.