Tendría poco menos de diez años de no haber muerto de un miedo anclado en nuestra juventud que hoy, de pensarlo profundo, parece haberse esfumado.
Ella era un par de años mayor y yo la amaba desde lo más hondo de mis ideas, alcanzando su articulación únicamente sobre el colchón.
Por supuesto terminó por abandonarme.
Aquellos días solía ser víctima, y creo haberme acostumbrado al engaño. Tanta mentira que sobre-miré su muerte antes de nacido. ¡Qué difícil verlo vivo en vientre ajeno! ¿Cómo, entonces, concederle el óbito?
Un ultrasonido no aturdió mis ojos, ni siquiera la imagen del médico, de sus manos aspirando al feto destrozado.
Quizá de haberlo visto entre guantes y escalpelos esterilizados, su casi-antropomorfia moteada con la sangre de su madre dentro de una bolsa de moral inane. Pero no, y fuimos a una fiesta después del asesinato.
Parnassos espurio
Que la poesía será siempre inútil
para la pluma casta de arrogancia
y satisfecha de poder,
no encuentra en mis nudillos golpe
ni en mi espada cisura o de mis
colmillos herida álgida de reptil;
que en ella busque salvarme
de mí mismo,
no puedo evitarlo.
Es el lance sin reparo de
mi alma a la intemperie.
Pero ello no significa que sirva
de algo, o que existe utilidad
alguna en salvarme de mí mismo.
No soy digno del paraíso.
En ésta línea, tan delgada
para la pupila dilatada o
la caricia grosa,
la poesía emparenta con el suicidio
falso, reiterativo, y el punto final
(cuando lo hay)
a la reencarnación de la bestia,
única portadora digna de ésta pluma
de todas la criaturas que me habitan.
para la pluma casta de arrogancia
y satisfecha de poder,
no encuentra en mis nudillos golpe
ni en mi espada cisura o de mis
colmillos herida álgida de reptil;
que en ella busque salvarme
de mí mismo,
no puedo evitarlo.
Es el lance sin reparo de
mi alma a la intemperie.
Pero ello no significa que sirva
de algo, o que existe utilidad
alguna en salvarme de mí mismo.
No soy digno del paraíso.
En ésta línea, tan delgada
para la pupila dilatada o
la caricia grosa,
la poesía emparenta con el suicidio
falso, reiterativo, y el punto final
(cuando lo hay)
a la reencarnación de la bestia,
única portadora digna de ésta pluma
de todas la criaturas que me habitan.
Otro más para el olvido
De estos diez meses en el exilio
conservo muchas más memorias
de las que puedo evocar. Quizás
ésta capital me ha contagiado
su bruma, y las fachadas de mi poblado
cerebro, opacas ya de tanto oxígeno,
de tanta humedad. Si bien han
sido pocos los rostros incrustados
como efigies dulcificando el relieve
de mis recuerdos, de ellos he robado
gracia, y sobre todo uno, doncella
esculpida en mármol tan sensual
de carnaval grotesca, perdurará
más allá de guerras, obras públicas,
o mantas de festival; de sus manos
obreras, y sus lagunas dementes
perforando su mirada me llevo
para siempre el descontrol de su carne
y su armonía espiritual como fuente
de baños profanos, recordatorios de teatro
para la improvisación cotidiana. También
de ella, como de las otras figuras que opaca,
más de una marca ha nervado tan
profundo, que si bien tal vez hasta la muerte
me acompañen, jamás su color o forma
empapará mi lengua con un nombre–
y me tranquiliza, pues aquello de horadar
la corteza cerebral cada vez que comienza
otra temporada de cultivo, siempre es
más fácil si el tractor no choca con
raíces, bulbos, o piedras, de origen desconocido;
aunque he de aceptar, de tanto en tanto
retozo al toparme bajo tierra
con algún obstáculo que no sabía
había enterrado ahí en el pasado.
conservo muchas más memorias
de las que puedo evocar. Quizás
ésta capital me ha contagiado
su bruma, y las fachadas de mi poblado
cerebro, opacas ya de tanto oxígeno,
de tanta humedad. Si bien han
sido pocos los rostros incrustados
como efigies dulcificando el relieve
de mis recuerdos, de ellos he robado
gracia, y sobre todo uno, doncella
esculpida en mármol tan sensual
de carnaval grotesca, perdurará
más allá de guerras, obras públicas,
o mantas de festival; de sus manos
obreras, y sus lagunas dementes
perforando su mirada me llevo
para siempre el descontrol de su carne
y su armonía espiritual como fuente
de baños profanos, recordatorios de teatro
para la improvisación cotidiana. También
de ella, como de las otras figuras que opaca,
más de una marca ha nervado tan
profundo, que si bien tal vez hasta la muerte
me acompañen, jamás su color o forma
empapará mi lengua con un nombre–
y me tranquiliza, pues aquello de horadar
la corteza cerebral cada vez que comienza
otra temporada de cultivo, siempre es
más fácil si el tractor no choca con
raíces, bulbos, o piedras, de origen desconocido;
aunque he de aceptar, de tanto en tanto
retozo al toparme bajo tierra
con algún obstáculo que no sabía
había enterrado ahí en el pasado.
Marcha roja
Míralos marchar, padre,
con sus máscaras de sangre.
Unos de la mano
otros
con la daga bien clavada
al costado de su hermano.
¿Adónde van, padre?
¿Por qué andan tan contentos,
padre?
Ésta, primera en centanas,
selló sus labios.
¿Padre?
Tallé mis ojos con mis puños cerrados.
Al descubrirlos, él no paraba ya conmigo.
¡Padre! - un grito inútil.
Entre sus costillas llevaba ya el acero
del rebaño bermejo.
Creí escuchar su llanto,
pero según tenía entendido
como siempre me lo había prohibido,
él no conocía las lágrimas,
menos aún un grito.
con sus máscaras de sangre.
Unos de la mano
otros
con la daga bien clavada
al costado de su hermano.
¿Adónde van, padre?
¿Por qué andan tan contentos,
padre?
Ésta, primera en centanas,
selló sus labios.
¿Padre?
Tallé mis ojos con mis puños cerrados.
Al descubrirlos, él no paraba ya conmigo.
¡Padre! - un grito inútil.
Entre sus costillas llevaba ya el acero
del rebaño bermejo.
Creí escuchar su llanto,
pero según tenía entendido
como siempre me lo había prohibido,
él no conocía las lágrimas,
menos aún un grito.
Esperanza
Me he quedado huérfano de esperanza –
y no es cosa mala
ni buena;
tampoco hueca,
por lo menos no de sonidos.
¡Miren que sí resuena!
TOC)))))
toc)))
tc))
)
Si algún día la esperanza
rompió dentaduras con su poma áurea,
aún cuando fuera ésta un
trofeo bien merecido por su belleza,
sobre todo por la sutileza del soborno,
ya ahora no merece babas
ni espermas de trompas yermas,
ni siquiera una chaqueta:
¡que muera de frío!
que muera empalada
rajada de tan árida.
Tan tan,
no más vara para la esperanza
purulenta de tanta lisonja,
tan tan,
se acabó.
y no es cosa mala
ni buena;
tampoco hueca,
por lo menos no de sonidos.
¡Miren que sí resuena!
TOC)))))
toc)))
tc))
)
Si algún día la esperanza
rompió dentaduras con su poma áurea,
aún cuando fuera ésta un
trofeo bien merecido por su belleza,
sobre todo por la sutileza del soborno,
ya ahora no merece babas
ni espermas de trompas yermas,
ni siquiera una chaqueta:
¡que muera de frío!
que muera empalada
rajada de tan árida.
Tan tan,
no más vara para la esperanza
purulenta de tanta lisonja,
tan tan,
se acabó.
Postigo
Hoy he cerrado el postigo
para celar al sol de medianoche;
quiero morar en la umbría,
compartir mi habitación
con la obscuridad absoluta.
para celar al sol de medianoche;
quiero morar en la umbría,
compartir mi habitación
con la obscuridad absoluta.
Frente al portón de Eurípides
Un par de harapos,
Eurípides,
dóname un par de harapos
–hoy bajo el disfraz
de lentes de pasta
y entonces
–sólo bajo aquella comezón–
podré llamarme poeta,
podré mirar al mundo
con los ojos
vacíos
de tanta goma en el copete;
es más,
hasta me nombraré
heredero de una fiera
rampante como el león
huérfano animado
por aquella famosa productora
del castillo,
sólo como él, segundos antes de
reconocerse felino,
cuando ni siquiera
a pulga en pelo de gato
llegara.
¡Ay!, Eurípides,
date dos minutos
pues mi escrutinio
anda falto de filo;
date tiempo y dóname
ropas rasgadas, trapos
de sirviente que me sienten
tan mal que pueda levantar
la frente sobre los ojos de los otros,
fruncir el ceño y
mentir que mato conla lengua
como una
de esas ranas de la selva.
Eurípides,
dóname un par de harapos
–hoy bajo el disfraz
de lentes de pasta
y entonces
–sólo bajo aquella comezón–
podré llamarme poeta,
podré mirar al mundo
con los ojos
vacíos
de tanta goma en el copete;
es más,
hasta me nombraré
heredero de una fiera
rampante como el león
huérfano animado
por aquella famosa productora
del castillo,
sólo como él, segundos antes de
reconocerse felino,
cuando ni siquiera
a pulga en pelo de gato
llegara.
¡Ay!, Eurípides,
date dos minutos
pues mi escrutinio
anda falto de filo;
date tiempo y dóname
ropas rasgadas, trapos
de sirviente que me sienten
tan mal que pueda levantar
la frente sobre los ojos de los otros,
fruncir el ceño y
mentir que mato conla lengua
como una
de esas ranas de la selva.
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