A un lado de la ventana
Todo sucede mientras, desde el este, un temporal azota el llanto de un ídolo, y su reflejo permanece encendido y humeante en el cenicero, al otro lado. El mundo en bálsamo no traspasa el cristal. Las ramas agitan en aplauso lo colado entre sus hijas, detrás de las cortinas. Con la mordida ya procesada, bebo la manzana y cruzo el portal de la madrugada, aventando un filete al cancerbero, para que deje de ladrar de una vez por todas.
Ficción Primera, festival en corto
A Henri Bergson, porque la serpiente tiene dos colas y una sola boca.
Si todo el tiempo creo que me odian, ¿por qué no deja de importarme?
No puedo dedicarle muchas horas, mi labor consiste en concertar el festival, y, más allá del protocolo, me veo obligado a invitarlos a todos.
Mando cada una de las invitaciones con el rótulo indicado, así como el mapa de nuestro punto de encuentro al dorso, trazados ambos en boutique de prestigio. Papel, del fino. El escudo de armas –insignia cuya metáfora, "Los Que nos Nombramos por Éste Apellido", se asemeja más a una telenovela que a un animal del bosque–, va impreso sobre el sobre. Y es una pena.
Me voy y creo que esta cabaña que abandono será mi cenotafio. Haré un video con fotos fijas sobre ello, utilizando mi memoria como plataforma de edición. Desmontaré los cuadros y los pondré de nuevo. Vaciaré los estantes para consultar un libro a la distancia. Reanudaré mis pláticas, y reaparecerán los cuerpos. Sucederá lo fijado tras mis párpados. Cinemática será la ilusión, cinematográfico el sueño.
Si todo el tiempo creo que me odian, ¿por qué no deja de importarme?
No puedo dedicarle muchas horas, mi labor consiste en concertar el festival, y, más allá del protocolo, me veo obligado a invitarlos a todos.
Mando cada una de las invitaciones con el rótulo indicado, así como el mapa de nuestro punto de encuentro al dorso, trazados ambos en boutique de prestigio. Papel, del fino. El escudo de armas –insignia cuya metáfora, "Los Que nos Nombramos por Éste Apellido", se asemeja más a una telenovela que a un animal del bosque–, va impreso sobre el sobre. Y es una pena.
Me voy y creo que esta cabaña que abandono será mi cenotafio. Haré un video con fotos fijas sobre ello, utilizando mi memoria como plataforma de edición. Desmontaré los cuadros y los pondré de nuevo. Vaciaré los estantes para consultar un libro a la distancia. Reanudaré mis pláticas, y reaparecerán los cuerpos. Sucederá lo fijado tras mis párpados. Cinemática será la ilusión, cinematográfico el sueño.
Comienzo sin ánimo
Así éste, un amanecer singular. Escindidos los cuerpos por la mayor distancia desde su pretensión inaugural. Incluso ante tal situación, gravitan como lo han hecho desde hace meses, persisten quizá eternamente; pero la fuerza confrontada, ciega de intenciones, manifiesta su voracidad con sablazos cargados de olvido. Desorienta por instantes, agotando la fuerza de quien, por ésta mañana, distraído, ha abierto el ojo sin brío, entre sombras bajo uno de los últimos soles en el país querido.
Deslinde, primeros tres tomos de la colección de minicuadernos con ensaños rojillos, editados por la Universidad Nacional



(Recordemos que estoy empacando, muchas de estas curiosidades de casa quizá se pierdan en alguna bodega, se vendan como papel reciclado).
Repetición discreta de una sensación incómoda
"Mira formas concretas que buscan su vacío.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
que no encuentra el acento de su primer sollozo"
(García Lorca, Nocturno del Hueco)
La mente de quienes antaño fuéramos nombrados interlocutores, calla, hoy, un maravilloso discurso:
Al devenir del silencio en asfixia, de la aparición de una aureola tras la caída, y la distancia atacando los cuerpos con violencia antes inadvertida, quizá, al día, ¡ha transcurrido el tiempo suficiente para permitir la conquista del olvido sobre lo dicho o hecho de más! Sobre lo restante. Sobre cada una de nuestras boberías, caprichos, formas. Desenfundar necedades. Sobre lo ignorado, robado, cubierto con manta de ministerio . . . sobre los residuos sin administración, los recursos sobrevaluados y sobre nosotros, los usuarios.
Miremos con detenimiento, ¿qué nos sobra? Imposible interpretar cada uno de sus actos, definitivamente, ¿por qué no colgar una cruz sobre la cabecera?
¡Calla en la calle y en la habitación! ¡Habla en el confesionario, cuéntale todo a tu hermano!
Llamaron a expertos en Genealogía. Corren rumores en torno a una falla discreta, escudriñan entre callejones, raíces, bulbos, escuchan algo similar a un error en el sistema, como durante aquella gran guerra de nombre enterrado y número irracional.
(Ardieron murallas, rascacielos cayeron en lo que muchos creímos como un juego mediático . . . parques y cementerios, esfumados. Escuelas, exoneradas por un haz de soldados armados de luz. El grito de la cámara de televisión huía del derrumbe del templo, la llorona seguía clamando ahora desde espectaculares, disfrazaba a la chamaca y al chamuco de asombro, maquillaba las lágrimas sobre los espectadores atentos. Mientras tanto, los inversionistas se lanzaban por la ventana y los escombros de las columnas ya en pulmón. . . la marcha bien articulada pero sin rumbo fijo, ¿en qué lugar irá a sembrar este batallón su siguiente sombra?)
El petróleo, reclamado como miembro del público en cada esquina, en cada estado, prefiere no tomar partido.
Los museos son saqueados; sus inquilinas, violadas; ¿y qué decimos? Nada.
Perdemos el apetito y dejamos de conversar con los colores. No escuchamos la pregunta, ni el aliento azotar la bandera.
Me cuestiono qué opciones tendremos durante las próximas elecciones. Si llegaremos siquiera a una casilla o nuestra credencial de elector mantendrá su vigencia. Si la cifra reemplazará al plástico o si ya lo hizo desde hace años.
Abro el sierre.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
que no encuentra el acento de su primer sollozo"
(García Lorca, Nocturno del Hueco)
La mente de quienes antaño fuéramos nombrados interlocutores, calla, hoy, un maravilloso discurso:
Al devenir del silencio en asfixia, de la aparición de una aureola tras la caída, y la distancia atacando los cuerpos con violencia antes inadvertida, quizá, al día, ¡ha transcurrido el tiempo suficiente para permitir la conquista del olvido sobre lo dicho o hecho de más! Sobre lo restante. Sobre cada una de nuestras boberías, caprichos, formas. Desenfundar necedades. Sobre lo ignorado, robado, cubierto con manta de ministerio . . . sobre los residuos sin administración, los recursos sobrevaluados y sobre nosotros, los usuarios.
Miremos con detenimiento, ¿qué nos sobra? Imposible interpretar cada uno de sus actos, definitivamente, ¿por qué no colgar una cruz sobre la cabecera?
¡Calla en la calle y en la habitación! ¡Habla en el confesionario, cuéntale todo a tu hermano!
Llamaron a expertos en Genealogía. Corren rumores en torno a una falla discreta, escudriñan entre callejones, raíces, bulbos, escuchan algo similar a un error en el sistema, como durante aquella gran guerra de nombre enterrado y número irracional.
(Ardieron murallas, rascacielos cayeron en lo que muchos creímos como un juego mediático . . . parques y cementerios, esfumados. Escuelas, exoneradas por un haz de soldados armados de luz. El grito de la cámara de televisión huía del derrumbe del templo, la llorona seguía clamando ahora desde espectaculares, disfrazaba a la chamaca y al chamuco de asombro, maquillaba las lágrimas sobre los espectadores atentos. Mientras tanto, los inversionistas se lanzaban por la ventana y los escombros de las columnas ya en pulmón. . . la marcha bien articulada pero sin rumbo fijo, ¿en qué lugar irá a sembrar este batallón su siguiente sombra?)
El petróleo, reclamado como miembro del público en cada esquina, en cada estado, prefiere no tomar partido.
Los museos son saqueados; sus inquilinas, violadas; ¿y qué decimos? Nada.
Perdemos el apetito y dejamos de conversar con los colores. No escuchamos la pregunta, ni el aliento azotar la bandera.
Me cuestiono qué opciones tendremos durante las próximas elecciones. Si llegaremos siquiera a una casilla o nuestra credencial de elector mantendrá su vigencia. Si la cifra reemplazará al plástico o si ya lo hizo desde hace años.
Abro el sierre.
Por confinar mi voto a la ignorancia, la mediocridad me recrimina. Por lo pronto, tomo el camino del exiliado por vientos, si bien vacíos de lexia, briosos sobre éste, su único cuerpo.
Sobre el papel
Sobre el papel
de pantalla
en ayunas
llora el negro
del cuervo azul
de una pluma
de lágrimas reídas
y risas escurridas.
Sobre el papel
roe la noche
y sobre ella la mirada
de quien partió al alba
y bramó fulgurosa
más de una despedida.
Así sobre papel
sobre canto y llanto
sobre la mujer perdida
o el ideal traicionado
así sobre todo
cae el ave
le sigue el ángel
de nube a lava
con cadena
bien prensada
que concatena
sobre la risa
ante el miedo
sobre la hoja
ceniza
sin árbol
durante la noche
que no termina
sobre el papel
que de tinta
contamina.
de pantalla
en ayunas
llora el negro
del cuervo azul
de una pluma
de lágrimas reídas
y risas escurridas.
Sobre el papel
roe la noche
y sobre ella la mirada
de quien partió al alba
y bramó fulgurosa
más de una despedida.
Así sobre papel
sobre canto y llanto
sobre la mujer perdida
o el ideal traicionado
así sobre todo
cae el ave
le sigue el ángel
de nube a lava
con cadena
bien prensada
que concatena
sobre la risa
ante el miedo
sobre la hoja
ceniza
sin árbol
durante la noche
que no termina
sobre el papel
que de tinta
contamina.
La invención de la fiesta más veloz del mundo
Las fiestas, para el borracho, se inventan en el desayuno de la mañana siguiente. Así sucedió esta vez, en el café de siempre.
A mis tres amigos les dieron carta y yo no tenía tanta gracia como ellos. Me había levantado más de una vez en la madrugada para conseguir agua, hasta que a las seis por fin me dirigí a comprar una botella a la tienda más cercana. Entonces, en lo que trataba de averiguar mis acciones, Mariela, la mesera, me dijo:
- Pero si usted es el cliente frecuente y no le tocó.
La historia de mi vida. Ella y Rosalía, gerenta de piso del lugar, aún me conocen. Otros no les parece mi visita diaria por café, también está el que no sabe quién soy porque acaba de entrar a trabajar. Pero en fin, me entregó la carta y con ella, mis amigos continuaron las historias de la noche anterior.
Me había empeñado en tomarme incluso una botella entera de tinto antes de la llegada de mis invitados. No sorprendía que preguntara, una y otra vez: "¿Hice algo de lo que debiera sentirme avergonzado?" Ellos se reían. Como era de esperarse, me fui a dormir muy temprano. Como ya no la vería, desde que llegó a mi casa lloré mucho. Entonces ella se fue (además de que su amiga sufría un acoso intenso por parte de mi amigo). Hablamos por la noche y decidimos dejar el amor para el día siguiente. ¡Vaya si lo disfrutamos!
Pasaron muchas cosas en el intermedio. Por supuesto que aquí no las contaré, no tengo la paciencia ni el interés, simplemente, recapitulo que la invención de la fiesta más veloz del mundo se dio a la mañana siguiente, después de concluida la borrachera, en el café de siempre.
A mis tres amigos les dieron carta y yo no tenía tanta gracia como ellos. Me había levantado más de una vez en la madrugada para conseguir agua, hasta que a las seis por fin me dirigí a comprar una botella a la tienda más cercana. Entonces, en lo que trataba de averiguar mis acciones, Mariela, la mesera, me dijo:
- Pero si usted es el cliente frecuente y no le tocó.
La historia de mi vida. Ella y Rosalía, gerenta de piso del lugar, aún me conocen. Otros no les parece mi visita diaria por café, también está el que no sabe quién soy porque acaba de entrar a trabajar. Pero en fin, me entregó la carta y con ella, mis amigos continuaron las historias de la noche anterior.
Me había empeñado en tomarme incluso una botella entera de tinto antes de la llegada de mis invitados. No sorprendía que preguntara, una y otra vez: "¿Hice algo de lo que debiera sentirme avergonzado?" Ellos se reían. Como era de esperarse, me fui a dormir muy temprano. Como ya no la vería, desde que llegó a mi casa lloré mucho. Entonces ella se fue (además de que su amiga sufría un acoso intenso por parte de mi amigo). Hablamos por la noche y decidimos dejar el amor para el día siguiente. ¡Vaya si lo disfrutamos!
Pasaron muchas cosas en el intermedio. Por supuesto que aquí no las contaré, no tengo la paciencia ni el interés, simplemente, recapitulo que la invención de la fiesta más veloz del mundo se dio a la mañana siguiente, después de concluida la borrachera, en el café de siempre.
Tarde de Película
Renté una de detectives y compré palomas y dejaré que vuelen en mi boca mientras pienso a la mujer que amo al ver la historia de otro en pantalla.
La Dicción del Capitalino
Lo diré como confesión y muchos lo tomarán como mamonería:
¿Conoces Creative Commons? Si no, checa la enclopedia Libre.
¿Te importa tanto compartir tu nombre?
Por fin, ¿de dónde eres?
Ya leyeron de más de la ciento cinto de aquella edicion de au-q-elle-belle y el otro pesado escritor de Zapotlán El Grande, donde nación la mera pluma de Gallo.
Mi favorito y basta.
Yo, por supuesto, soy un capitalino cualquiera.
¿Conoces Creative Commons? Si no, checa la enclopedia Libre.
¿Te importa tanto compartir tu nombre?
Por fin, ¿de dónde eres?
Ya leyeron de más de la ciento cinto de aquella edicion de au-q-elle-belle y el otro pesado escritor de Zapotlán El Grande, donde nación la mera pluma de Gallo.
Mi favorito y basta.
Yo, por supuesto, soy un capitalino cualquiera.
Frente Viajero en Contra del Turista
Apropiarnos de lo local disfrazando al ojo de extranjero entrometido
(o por qué es posible Viajar desde casa a la tiendita de la esquina, y pasar, de camino, por el fin del mundo.
Lugar, canta Vicente Huidobro a Isolda, "donde el vacío pasa su arco de violín sobre el horizonte y el hombre se transforma en pájaro y el ángel en piedra preciosa".
Así, más allá de los lindes, el anillo de casamiento no es de diamantes sino de ángeles.
El Ángel de la Independencia, por su cuenta, es un mentiroso y sólo pretende haber roto la cadena. Recordamos cómo se cayó hace unos años y lo único que quebró fueron las escaleras de mármol. Aún así, vivito y coleando ante el verde de todo postor.
Ya no le importa si es mejor o peor. "Al cliente, lo que pida." Se va de fin de semana a su finca en el campo. Toma a diario un tren con el Expreso Americano, pretendiendo esconder sus alas tras un abrigo de animal muerto. Animal todo el tiempo.
Nos importa un bledo lo que a él le importe. No buscaremos más martilleos sobre los eslabones, pero quizá hablemos con el cadenero. O en su defecto, también legítimo, entrenamos a un chihuahueño para que le robe el llavero. Pero ya no más martilleos, menos aún por el amor de Dios.
Cerramos la puertas, entonces, al flash del turista. Los viajeros pueden recoger sus boletos para subir al mirador en la oficina del cielo.
Babosos como el nopal, aunque con alas, sabrán bien cómo llegar. Aún nos faltan años pero hoy arribó una noticia:
"El Mundo se ha acabado";
la bondad en el titular es que podemos reinventarlo.
Nadie nos pela por miedo a ser metiche. Resultó una broma de mal gusto incluso mencionarlo en la mesa.)
(o por qué es posible Viajar desde casa a la tiendita de la esquina, y pasar, de camino, por el fin del mundo.
Lugar, canta Vicente Huidobro a Isolda, "donde el vacío pasa su arco de violín sobre el horizonte y el hombre se transforma en pájaro y el ángel en piedra preciosa".
Así, más allá de los lindes, el anillo de casamiento no es de diamantes sino de ángeles.
El Ángel de la Independencia, por su cuenta, es un mentiroso y sólo pretende haber roto la cadena. Recordamos cómo se cayó hace unos años y lo único que quebró fueron las escaleras de mármol. Aún así, vivito y coleando ante el verde de todo postor.
Ya no le importa si es mejor o peor. "Al cliente, lo que pida." Se va de fin de semana a su finca en el campo. Toma a diario un tren con el Expreso Americano, pretendiendo esconder sus alas tras un abrigo de animal muerto. Animal todo el tiempo.
Nos importa un bledo lo que a él le importe. No buscaremos más martilleos sobre los eslabones, pero quizá hablemos con el cadenero. O en su defecto, también legítimo, entrenamos a un chihuahueño para que le robe el llavero. Pero ya no más martilleos, menos aún por el amor de Dios.
Cerramos la puertas, entonces, al flash del turista. Los viajeros pueden recoger sus boletos para subir al mirador en la oficina del cielo.
Babosos como el nopal, aunque con alas, sabrán bien cómo llegar. Aún nos faltan años pero hoy arribó una noticia:
"El Mundo se ha acabado";
la bondad en el titular es que podemos reinventarlo.
Nadie nos pela por miedo a ser metiche. Resultó una broma de mal gusto incluso mencionarlo en la mesa.)
Despegue
Tras el despegue todos buscan inconscientemente mirar a través de su ventanilla, confirmarse como conquistadores de uno de los sueños más antiguos del hombre. Ignoran que el aleteo no requiere de un monstruo de hierro para llevarse a cabo.
Efigie sin hambre
Su imagen perdió color, mucho del brío prometido por quien entre lindes de acero circunscribió su propio anhelo. Coartando y serrando, más violento que en Perro Andaluz, cada una de las ilusiones que en su iris había proyectado.
Soy todavía tormenta con desastres atados a la muñeca, pero no pretendo más una reconciliación con el Cielo y su Luna. No tiendo ya arco alguno, tampoco flecha, ni siquiera comando un batallón o irgo obelisco en honor a un millón de sueños difuntos en guerra.
Sin duda, hoy el reflejo deviene en mentira. Con calce separado el sudor entre nuestros cuerpos. Abandonado el cauce compartido y nuestras identidades, antes familiares, ahora de ecúmenes distantes una de otra.
La efigie amorosa abandonó su boca, yo derroché el sueño de argonauta. Las arpías, por su cuenta, sólo cumplen con su designio. A mí también me roban la comida, pero para su mala fortuna perdí el apetito desde hace años.
Soy todavía tormenta con desastres atados a la muñeca, pero no pretendo más una reconciliación con el Cielo y su Luna. No tiendo ya arco alguno, tampoco flecha, ni siquiera comando un batallón o irgo obelisco en honor a un millón de sueños difuntos en guerra.
Sin duda, hoy el reflejo deviene en mentira. Con calce separado el sudor entre nuestros cuerpos. Abandonado el cauce compartido y nuestras identidades, antes familiares, ahora de ecúmenes distantes una de otra.
La efigie amorosa abandonó su boca, yo derroché el sueño de argonauta. Las arpías, por su cuenta, sólo cumplen con su designio. A mí también me roban la comida, pero para su mala fortuna perdí el apetito desde hace años.
Vacío
La aspiradora arremete de nuevo furiosa contra la boca del estómago. El esófago se convierte en el tubo de succión y la cavidad abdominal en la bolsa donde todos los deshechos son arrojados. No podría incluir dentro de ella sino al miedo a lo propio. Vacío.
Recuerdo de primavera
Tras variaciones luminosas
recuerdo en su iris la vida,
ahora el verano desgasta la imagen
sobre la cual descansa el aliento
y nosotros retozamos de alegría.
Sospecho que en otoño llacerá muerta
sin rama entre polvo
a la sombra del árbol sin asombro.
recuerdo en su iris la vida,
ahora el verano desgasta la imagen
sobre la cual descansa el aliento
y nosotros retozamos de alegría.
Sospecho que en otoño llacerá muerta
sin rama entre polvo
a la sombra del árbol sin asombro.
Crearé
Crearé como amante en lugar de violador
Y así lograré la anhelada transfiguración;
No odio, sino amor, sacude al mundo
Y quien violenta busca inútilmente perpetrar
Pero provoca reticencia a su penetración
Y jamás la morada mojada ante su eyaculación.
Y así lograré la anhelada transfiguración;
No odio, sino amor, sacude al mundo
Y quien violenta busca inútilmente perpetrar
Pero provoca reticencia a su penetración
Y jamás la morada mojada ante su eyaculación.
Limpia
Ya se bañó, su cuerpo apestaba a sexo.
Después, creyó que había perdido la fe;
entonces se puso a trapear.
Después, creyó que había perdido la fe;
entonces se puso a trapear.
Impromptu #4
Sin avisar ataca el tímpano necesitado y mis tobillos evidencían la flaqueza que en ocasiones engañan ocultar. Pierdo piso. Es el número 4 de Chopin en C menor. Entonces caigo en la cuenta que si bien la poesía y la música no son comparables al amor (como diría de la primera el Conde de Lautreamont), ellas bien pueden producir sensaciones semejantes a un orgasmo.
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