Deseo Expreso

Ya quiero venir adonde ahorita miento que te susurro.

Como siempre

Callé caído por cantar en la calle. Y en los pasillos y en la oficina y en la regadera. En la cama. De noche y de día, entre ambas, de vuelta, de ida de nuevo. No recuerdo si regresé o jamás me fui; como la lluvia, como el viento, como la basura. Ella tampoco: no sé si llegó o se fue y regresó o si ha estado siempre. Si la inventé. No lo recuerdo y parece no tener importancia. De hecho, podría estar confundiéndola con alguien más. De derecho, mejor no hablar porque soy capaz de olvidar por completo. De memoria me sé varias canciones. En una de ellas un argentino canta: "a mí me es fácil olvidar". De sueño me caigo en un taxi por la noche, me sale caro. El argentino se llama Gustavo, el taxista no recuerdo, y a mí por favor no me pregunten a qué hora llegué a mi casa. No uso reloj desde hace varios años e iba solo. Creía que ella estaba muy lejos, pero al parecer mañana dormiré entre sus brazos. Como siempre, me equivoqué.

Un regalo

Le pedí al viento que le llevara el presente que yo no puedo darle a la distancia. La acarició, pues siempre me complace cuando mis favores son de cariño. Ella supo a la ventisca igual de salada que mi piel.

El Caballito

Apesta. Se me hace que ya se hizo.

Con de Chapultepec

Citó a Don P. para cabalgar por el bosque de su castillo. Llevaron a los Hermanos Lumiere. Se armó una bronca. De sus varios museos, las musas andan desaparecidas. Quizá alguien las protege, pero los héroes se aventaron del techo. El Segundo Emperador, el que gustaba caminar por sus barandas y ahora resulta que le cae bien a todos, tampoco puede hacer mucho porque fue fusilado. La policía sigue investigando pero no tienen sospechosos.

Pablo

Fui escrito por un genio, mi nombre es Pablo y trabajo en el Banco Central (bueno, eso le digo a algunas mujeres).
Nací de la pluma de un paisano, en un país sano. Eso dicen mis abuelos. Por su parte, el escritor de Zapotlán el Grande aseguró que yo sentí que "el mundo estaba habitado por Pablos innumberables" y que todos convergían en mi corazón. Según él, Dios se me mostró total. De inmediato le creí.

El Ángel de la Independencia

Se cayó una vez y rompió el pavimento. Tembló. Se quedó sin alas.

El Espía

El que en lugar de traicionar principios cultiva la curiosidad.

El Chamuco

A quien el Chamuco sonríe, le parece encantador.

Don D.

Don D. conoce mi orden, pero me saluda hasta después de cobrarme el bien. No deja de ofrecer lo mismo incluso cuando cambie de opinión. Todos por sus lástimas. Gracias D. Nada también.

El Leñador

Rescata libros para encender la chimenea y molestar a los vecinos.

Robo

Continué con mi destrozo. Forcejé una y otra vez con la puerta hasta creer que le había otorgado tumba.

Una vez quebrado el cerrojo, mis pasos son cautos del tiempo. Cautivo el minutero. Todo el mundo duerme, o eso creo.

Las riquezas no me pertenecen sin impedir aquello su asimilación. Urjo el ojo ante su belleza.
Mi costal es pequeño, mis jornadas ordinarias, mis sueños, como todos, soñados. Abandono el intento y el hogar perpetrado, mi robo pasa desapercibido.

Pienso

Pienso en la posibilidad de una noche, en los hombres que la transitan, en la mujer que amo.
Hojas crujen bajo plantas de pie y en recuerdo se regocija el árbol. Sigo caminando.

La Más Educada

La Más Educada no pide perdón cuando golpea la rodilla de uno con sus bolsas pero, ¡pobre de ella, carga tantos libros!. . . y sigue comprando más. Pegará sin regalar disculpa, pero siempre esperando un perdón.

El Arca Bestia

Sobre una bestia mayor reman las pequeñas.

El Genio

¡Déjame en paz!

El Conde Verso

El Conde Verso nada en castillo un sueño sediento bajo la lluvia.

La Chaparra Grandiosa

La Chaparra grandiosa salta así sean treinta veces hasta que por fin toca el techo. Es la más alta de todas, a veces la confundo con el ventilador. Sopla como huracán pero aún los damnificados retozan de alegría con su desastre. Brinca para tocar el cielo de caricatura felina y caer sobre un colchón inflable y la memoria de mi cuerpo tendido en el suelo.

Santiago Sátira

Con Santiago Sátira voy a hacer fila para firmar mi contrato de deuda con el banco central. Se llama a sí mismo el señor de los semáforos. El fuego rojo. Él decide quién pasa y quién se queda, pero ya nadie le hace caso. La mano en pluma mientras descansaba sobre el pie antes de entrar al trabajo. Cansada la materia ante su duración, ante el tono de su voz, cansada también la hoja. Siempre corriendo. Repleta su agenda con juntas con el tiempo. Pobre de su materia, siempre de prisa. Nunca miró el verde. Olvida también el teatro y su verbo. Olvida que quiere dejar de fumar. Olvida que pierde el aliento cuando traga al mundo sin darse el tiempo de suspirar.

Babastruz

Animal que sólo comparte con el caracol lo baboso. Con avestruces absolutamente nada. Torpe y arrogante, enemigo de la inteligencia, también de la sana estupidez.

El paranóico

"¿Me odiaban? No, no me odian. ¿Pero lo hicieron? ¿Me aprecian ahora? Tampoco. Quizá en verdad me quieren. O ya dejaron de hacerlo y les soy indiferente. No, me detestan."

Sí, así fue. De allá para acá, a donde quiera que iba.

No importa

Si el despertar es frío y gris, no importa: me arropo con su recuerdo y en sus ojos ilumino. Le invento sus colores. Si el recuerdo deviene amargo, pues tampoco importa tanto: mejor me levanto y me meto a bañar.

Turistas en Riviera

Timbas
cultivadas entre hamburguesas
y perros calientes,
entre cervezas
y Gobiernos que mienten.
Corren o caminan,
rebotan,
unos muy acá, otros por allá,
algunos sin lugar
creen nadar,
pero al parecer –contrario a sus antepasados-
han olvidado volar.

Gritan y chillan, sí,
sobre aviones de metal.

Tras la red buscando el balón
comen sueños,
jamás en deporte una pasión.
Yo como diversión.

Terminal

Yo hoy no viajo
Lo haré pronto.
Sin prisa, sin dinero, sin ya mucho deseo,
Pero lo haré pronto.

Le digo que disfrute el lugar de nadie,
La Terminal
Donde sienta
Pues ella sí viaja.
Regresa a su Bahía y la media luna proyecta
Una aureola sobre ella.
Sonríe como siempre.
Ésta, sola,
Pero no lo está.

Es querida, es amada, extrañada
Procurada, cantada, recordada
Escrita, sí,
Sobre todo escrita.

Siempre.

Volará en menos de una hora.
Yo he volado desde que recuerdo.

Comunicado

Solicité el comunicado de un amanecer. Ninguno vio llegar al Sol. ¿Cómo entra sin avisar tras nuestros párpados? No sabría explicar bien a bien tales filtraciones, pero cabe decir que si le hago caso al cardiólogo y doy un trago al jarabe para dormir por la noche, la batalla contra aquel astro se prolonga por varias horas desde su primera embestida.

Deuda

La deuda no la cobro yo,
lo hace el colchón,
las sábanas también,
la colcha menos, pero no deja de reclamar.

La deuda, como siempre,
se habrá de cobrar.
Esta vez la distensión vendrá primero,
pero tan sólo para recordar el cargo inicial.

Asesino (verbo)

(Medusa, Caravaggio)

Miradas petrifican mi pulso, como si en verdad lograra hacerme su inquilino. Entre sus dos fachadas consigo definir una diferencia: superpuesto un rostro sin ojos. Globos oculares, astros iluminando mi ilusión. ¿Cuándo se los ha sacado? Culpemos al pincel, al hierro, a la lluvia en que el Otro se ha convertido para sembrar el germen de aquel guerrero. Nunca se hubiera llevado el busto ctónico a Atenea, así el mundo sería distinto y todos los asesinos se convertirían en piedra.

(Medusa, Arnold Böcklin)

Adventicio

Fuera de lugar y ningún arbitro lo advirtió. Lejos de su posición, no percibimos germinar la emoción sino hasta ya bien entrados en pasión. Somos dos en uno incluso cuando no estamos sobre o debajo del otro. Pero enredados e indistinguibles incluso a la lejanía, incluso cuando la cercanía será sólo relativa, incluso cuando la escisión es ya únicamente imaginativa. Nunca nadie lo vio venir, menos nosotros, quienes nos enredamos, ambos, a la eternidad. Sin jerarquías, en rizoma nos hemos convertido, en líneas conexas, en series numerales indefinidas, conectadas ellas por suspiros inclusive cuando ya no nos interese más el cuerpo del otro. Así nos traicionará el tiempo, también el supuesto dolor, pero así también confirmaremos nuestras vidas. Confirmaremos que somos uno, y por lo mismo, ninguno sin el otro.

Aquél

Aquél
Sí, el caracol sobre la barda

Aquél
Sí, el que lo miró andar
y empatizó con él

Yo

Aquél
Sí, el vegetal también baboso:
Nopal

Como aquél
Sí, yo discurro frente al Centro Comercial
Y sobre la acera,
Como la baba sobre el nopal
Escurre,
Yo lo hago también
Por esta ciudad.

Liberación

“El rol de la vida es el de insertar indeterminación en la materia. Indeterminadas, quiero decir imprevisibles, son las formas que ella crea a lo largo de su evolución. Cada vez más indeterminada también, quiero decir cada vez más libre, es la actividad a la cual esas formas deben servir de vehículo” (Henri Bergson, 139)
No pretendo aquí construir imaginarios a partir de in-formaciones tergiversadas. Cuando escuché su voz, la despedida, era ya demasiado tarde. Pareciera una necedad, lo sé, intentar fijar el recuerdo de aquel adiós y proyectarlo a un futuro como método de justificación, útil para mitigar la ansiedad. También resulta un tanto obstinado de mi parte condescender ante el miedo de no verla de nuevo, incluso anticipando unas lágrimas más pesadas.
Cuando pensé que podría imaginarla sola, recordé su belleza y me alegré por el mundo que la experimenta. Mi espíritu ahora carece de determinación gracias a saborearme contagiado por el impulso emanado de sus labios. Ella también lanzó sus raíces sobre mí, y los rizomas por sí mismos se han conformado. En otras palabras, encontrarme con ella en mi vida me ha liberado.

Errado

Erro en aras de rojas
Carencias
Entre tantas reticencias
De colores y amarres y
Mujeres necias
Y turistas
Sin consciencia . . .
Olvidan viajar
No gustan mirar
Están cansados
Pero acertados
Por viajar al exótico lugar
Donde yo ya no estoy
Y por tanto
Ahora sólo solo
Errado erro cerrado
Impulsado y envarado
Varado
Como un corazón alado y
Atado
Como el perico
Que a sus alas cortaron
Plumas
Para ser fotografiado
Así estoy:
Retratado
Con plumaje incompleto
Pero aún así agitándolo
Sin cesar.

Hoy Parto

He perdido las figuras trazadas
Sobre la arena imaginadas
Condenadas a una caricia indecente
Por memorias que ya nadie siente
Sólo a sí mismos se pretenden
Y condenan las ilusiones de un adiós
Por contar con miedos 
Fundados sobre imágenes estériles de una flor
Yo por mi cuenta disfruto de su voz
Aunque no sea conmigo con quien la comparta
Y ya hoy por la noche de regreso a casa parta

Sin Vergüenza

Andar no requiere de pies, mucho menos de aliento. Ahora -quizá- el respirar resulta lacónico. No existe sino una ilusión detrás de cada persecución, y cuando uno llega a la meta, entonces las cadenas comienzan a surtir efecto. La causa, por supuesto, la desconozco. Supongo que habré, a partir de hoy, olvidar tanto la tensión como la preocupación, pues aparece la vergüenza y su falta.

De un lado y otro de la carretera

De un lado y otro de la carretera
Transformamos sin notarlo la experiencia
Por un lado quien el inglés ha robado y deformado
Y por otro quien el maya ya ha olvidado
En medio ambos yo, quien de la Capital viene a husmearlos
Y especular y por tanto darse el lujo
De mentir sobre aquello que brilla y lo que es opaco

-engañar con etiquetas de "bueno" y "malo"-

Roemos, todos, de un lado y otro de la carretera
En medio de ella y sobre el umbral
A través del cual el espacio y el tiempo se quiebran
Al incesante cantar de un centenar
De hojas secas, colores centelleantes y humedad
Intercambiando un par de monedas de Dollar
Por un sueño también ya sin ánimo
Donde se encuentra la vida y el retazo
De una arteria sin flujo y con restros de mango
Y aquel puercoespín que seguramente han atropellado
Pero nadie se ha percatado de lo mucho que ha picado
Entre la carretera, el polímero, y el atraco gabacho
¡Vaya ola, sí que nos ha revolcado!
Y ya nadie puede salvarse,
Sino ceder
Poner flojito cada rincón de su ser . . . .
Cooperar ya sin amistad . . . .
Vigilar ya sin mirar . . . .


Volcanes

Atrás de ellos se dice que el mundo termina
Por lo demás, es sólo mi ilusión la que anima
Un retablo de sueños compuesto por figuras marinas
Entre las cuales por la noche me confiaré a las caricias
De un viento pausado y templado
Y sin titubear ya ante aquel aliento desbocado
Será un sueño como yo nunca lo fui
O tal vez siempre, y sólo me confudí.

Valquiria


Valquiria no dejes de mirame; Ides viene tras de ti, siempre contigo. No desisto al tormento entre reflejos y sombras de luces divergentes. Son conjuntos opuestos pero sin duda guardan intersecciones visibles tan sólo para el ojo que mira como el dragón, protector de santuarios. Ahora no encuentro mi cascada a proteger. Los relámpagos incendian dentro de mi imaginación como si en verdad fuese un vigía pero ya sin la fe en mi propia vista. Destino mi empresa al fracaso, Valquiria, y no hay mucho que pueda yo hacer. Permanecer, quizá, si es que no soy asesinado.

Abrir los ojos

Curiosamente mis ojos abren tras el impulso de un sonido. No es luz, pero tiene el mismo efecto sobre mi cuerpo. Cuando pienso en las palabras y la armonía responsables de mi alboroto, recuerdo que a final del día no importa demasiado si he estado más cerca de la muerte que de la vida o visceversa. En cualquier caso, como dice la canción, the world is kind.

Antes de entrar al hospital

Mi amanecer médico iterará mañana: la de hoy será de aquellas noches interminables dentro del hospital. Los minutos previos a que pase por mí el vehículo encargado de transportarme a los confines del dominio del hombre vestido de blanco y de azul, pasan como si en verdad el Tiempo no nos arrebatara los proyectos y planes desconocidos (menos para quien viste de negro y cuyo rostro nadie conoce).